El feedback no es solo lo que decimos

Este contenido es la base utilzada para armar los mensajes de Whatsapp que le llegan a los participantes durante los 10 dás del programa.

En muchas conversaciones de feedback, sentimos que simplemente “decimos lo que pensamos”.
Pero entre lo que observamos…y el mensaje que finalmente damos, hay varias capas que muchas veces no llegamos a ver.

Podemos imaginar tres:
1. el estado desde donde estamos,
2. la intención que aparece,
3. y finalmente la forma en que comunicamos.

Muchas veces damos feedback acelerados, molestos,frustrados, o tensos… sin notarlo.
Y desde ahí, el mensaje suele salir más duro, más defensivo, o más reactivo de lo que imaginábamos.
Pero cuando logramos regular un poco el estado —por ejemplo a través de una respiración— algo empieza a cambiar.
Aparece más espacio. Más claridad sobre desde dónde estamos hablando. Más registro del vínculo con la otra persona.
Y desde ahí, muchas veces aparecen formas distintas de decir lo mismo.

A esa versión más automática y reactiva la llamamos Sapiens. 
A la versión más consciente y relacional, Cuorens.

La práctica no busca eliminar una. Busca darle un poco más de espacio a la otra.

 

Invitacion:

Hoy, antes de compartir tu feedback o mirada, probá notar estas tres capas: estado, intención y forma.

Pero entonces…¿cómo le damos un poco más de espacio a nuestro Cuorens, esa versión más consciente y relacional? 

La práctica propone empezar observando un pequeño recorrido interno… que muchas veces ocurre antes de dar feedback, aunque no siempre lo veamos.

Primero, la respiración nos ayuda a regular un poco nuestro estado físico:
del estrés y la reacción automática, hacia un estado un poco más presente y relajado.

Desde ahí, muchas veces aparece más espacio para preguntarnos:
¿Cuál es realmente mi intención con este mensaje o feedback?

Y cuando aparece un poco más de claridad sobre esa intención, también podemos preguntarnos:
¿Qué diferentes formas podría darle a este mensaje?

Estado. Intención. Forma.

La idea inicial no es hacer todo esto perfectamente.
Solo empezar a tener presentes estos pasos, ver cómo se relacionan, y comenzar a profundizar un poco más en cada uno.

Invitación:

Hoy, antes de dar feedback, probá hacer una pequeña pausa y recorrer estas 3 preguntas:

¿Cómo está mi estado?
¿Cuál es mi intención?
¿Y qué forma quiero darle a este mensaje?

Aunque sea rápidamente, solo para empezar a notar la secuencia.

A veces damos feedback desde un estado acelerado o reactivo… sin darnos cuenta.

Una respiración más consciente puede ayudar a bajar un poco esa intensidad.

Podemos empezar simplemente llevando atención a la respiración:
sentir el aire entrando y saliendo por la nariz, notar cómo el abdomen o el pecho se expanden y se contraen.

Y desde esa atención más presente, también podemos empezar a percibir un poco más la zona del corazón
casi como si el corazón respirara con nosotros.

Y muchas veces, desde ahí aparece algo más: más pausa, más presencia, y más registro del vínculo con la otra persona.

No buscamos relajarnos por completo. Pero sí reducir un poco el estado de estrés desde el cual muchas veces reaccionamos automáticamente.

Y ese pequeño espacio ya cambia mucho el tono del intercambio.

Invitación:

Hoy, antes de una conversación sensible, probá hacer una respiración lenta.

Sentí el aire entrando y saliendo.
Notá el movimiento del pecho.
Y llevá suavemente la atención hacia el corazón, como si también respirara con vos.

 

Cuando baja un poco la activación,
también aparece más espacio para observar la intención detrás de nuestro feedback.

A veces queremos ayudar. A veces descargar frustración.
A veces marcar un límite. A veces corregir rápido.
A veces cuidar el vínculo.

Muchas veces actuamos desde el impulso del momento… sin demasiada claridad sobre eso.

Pero cuando aparece un poco más de presencia, también aparecen más opciones.
Y eso puede cambiar mucho cómo se vive la conversación.

Invitación:

Antes de compartir una corrección o comentario, preguntate:
¿Cuál es mi intención con el comentario o el feedback?

Cuando vemos con más claridad desde dónde estamos dando feedback, el mensaje deja de ser tan automático.

No porque aparezca una forma “correcta” de decirlo. Sino porque aparecen más posibilidades.

A veces seguimos siendo directos. A veces preguntamos antes de afirmar.
A veces cambiamos el tono.A veces damos más contexto.
A veces elegimos otro momento.

Y muchas veces, eso cambia completamente cómo el otro recibe el mensaje.

Invitación:

Antes de enviar o decir algo difícil,
probá revisar:
¿Hay otra forma posible de transmitir esto?

Muchas veces sentimos que tenemos que responder o dar feedback inmediatamente.

Vemos algo que no nos gusta. Recibimos un mensaje que nos hace ruido.

Y reaccionamos casi automáticamente, como si no hubiera espacio entre lo que pasó… y nuestra respuesta.

Pero muchas veces, ese espacio sí existe.

A veces son horas, cuando sabemos que tenemos una reunión importante más tarde, o cuando la respuesta al mensaje no es urgente.


Otras veces, cuando alguien hace o dice algo que no nos parece bien, tambien podemos tener unos minutos o apenas unos segundos, pero ese espacio ya ayuda.

Invitación:

Hoy, probá prestar atención a esos pequeños espacios antes de dar feedback.

Tal vez cuando estés por responder un mensaje que no era tan urgente.
O antes de entrar a una reunión donde ya sabés que querés corregir o señalar algo.

Hay momentos donde una respiración no alcanza.

Tal vez seguimos muy activados. O sentimos que si damos el feedback inmediatamente, vamos a reaccionar más que comunicar.

En esos casos, a veces lo más sano no es hablar rápido… sino darnos un poco más de tiempo.

No como evasión. Sino para recuperar claridad.

Y a veces también porque la otra persona todavía está demasiado activada para poder escuchar bien.

Invitación:

Si hoy sentís mucha tensión antes de compartir tu mirada, incluso después de una respiración, probá dejar pasar un tiempo más.

A veces evitamos conversaciones difíciles por miedo a incomodar, generar tensión, o recibir una mala reacción.

Y cuando eso se acumula, muchas veces el feedback termina apareciendo tarde… o saliendo con más carga emocional de la necesaria.

La práctica no pretende que creamos que vamos a decir todo perfecto.
Pero sí busca ayudarnos a confiar más en algo distinto:

que cuando logramos regular un poco nuestro estado, y nuestra intención es más clara y genuina, entonces aquello que queremos transmitir probablemente encuentre una mejor forma de salir.

Invitación:

¿Hay alguna conversación pendiente que quizás estás postergando demasiado?

¿Una conversación pendiente que quizás no necesita un mensaje perfecto…
sino más claridad de estado e intención?

Cuando alguien hace o dice algo que nos molesta, muchas veces asumimos rápidamente por qué lo hizo.

“Le da igual.” “No le importa.” “Está siendo irresponsable.” “Quiere generar conflicto.”

Y a veces algo de eso puede existir.

Pero otras veces, también puede haber presión, agotamiento, miedo, problemas personales, o algo que simplemente no estamos viendo.

Muchas veces damos feedback solo desde lo que observamos afuera… sin intentar comprender qué le puede estar pasando al otro por dentro.

Y cuando logramos salir un poco de ese juicio automático, a veces aparece más empatía. Más curiosidad. Más espacio para preguntar antes de concluir.

Y eso puede cambiar profundamente cómo se vive la conversación.

Invitación

Hoy, antes de dar feedback sobre algo que te molestó, probá preguntarte:
¿Qué le podría estar pasando que yo no estoy viendo?

A veces creemos que una conversación cambia solamente por encontrar las palabras correctas.

Pero muchas veces, el cambio empieza antes.

En cómo llegamos. En el estado desde donde hablamos. En la velocidad con la que reaccionamos.
En cuánto registro tenemos de nosotros… y también del otro.

Por eso, aunque hablamos de estado, intención y forma de comunicar, la práctica no busca que pensemos todo el tiempo cada paso mentalmente.

El punto de apoyo más importante es otro: volver al estado.
Volver a la respiración. Y llevar suavemente la atención hacia el corazón.

Porque muchas veces, cuando logramos salir aunque sea un poco del estrés y del automatismo, algo más empieza a acomodarse naturalmente.
Aparece más pausa. Más presencia. Más claridad sobre lo que realmente queremos transmitir. Y más sensibilidad hacia el vínculo.

La respiración no resuelve automáticamente una conversación difícil.
Pero puede ayudarnos a responder menos desde la reacción… y un poco más desde presencia.

Invitación:

Hoy, antes de una interacción importante, probá hacer una respiración lenta, llevando suavemente la atención al corazón.

Y simplemente notar qué cambia…
aun sin revisar conscientemente tu intención o la forma de tu mensaje.

Cerrar X